HIERBA MALA NUNCA MUERE

por

Mauricio Alvarez


Introducción.
En este ensayo pretendo desarrollar una crítica al modelo de desarrollo que se basa en el crecimiento económico mediante el cual se han regido los destinos de las economías planetarias desde hace unos siglos. Y voy a mencionar algunos aportes que desde la ecología como disciplina académica y desde el ambientalismo como práctica comunitaria y social se han hecho hacia la reformulación de las relaciones de la especie humana con su entorno natural.

Tomo como punto de partida para esta reflexión El trabajo de Fernando Mires, "La nueva ecológia" y "El liberalismo económico, marginación del tercer mundo y de la naturaleza" de Susan George.

El desarrollo humano contra el desarrollo de la vida.
Es bien conocida la afirmación de La señora Harlem Bruntland, que encabeza el gobierno de Noruega, quien comprobó recientemente que "si los siete mil millones de pobladores del planeta consumieran lo mismo que los países desarrollados de occidente harían falta diez planetas como el nuestro para satisfacer todas sus necesidades". [1]

Es decir que algunas profesoras de escuela y algunos presidentes de país estaban y están mintiendo cuando decían y siguen diciendo que éramos y somos todos los culpables de la destrucción de la naturaleza por tirar papeles de papitas en la calle y por quemar una que otra llanta a la entrada de la universidad. Porque resulta que la principal agresión al sistema vivo que cubre la nave galáctica en la que viajamos está principalmente en la forma derrochadora de consumo y sobre todo de producción de los países que se llaman a sí mismos desarrollados.

De aquí surge una contradicción que la naturaleza viene sintiendo desde hace más de cinco siglos y que la está asesinando desde el último de ellos: la contradicción economía, ecología. La contradicción entre el logos y el nomos como lo menciona Susan George. Y la contradicción consiste en que simplemente en nombre de "la libertad" de hacer empresa con todo lo que sea capaz de venderse y comprarse, se ha convertido a los seres humanos y a la casa madre, oikos o pacha mama en una materia prima, que se transforma en el engranaje de la producción en mercancía, y en el engranaje del mercado en ganancias. Recientemente los teóricos de una de las grandes obras del racionalismo, el liberalismo, han renovado sus votos en esta creencia y han promovido por todos los medios y bombas atómicas y guerras y deudas externas que todos les creamos que aumentando el torpe producto interno bruto, disminuyendo la inflación y muriéndonos de miseria o asfixia o cáncer, algún día seremos desarrollados y podremos destruir el planeta como lo hacen nuestros hermanos de los países industrializados.

Pues bien resulta que ese modelo, y todos los modelos racionalistas basados en el desarrollo de las fuerzas productivas, que tienen como objetivo el desarrollo económico mediante la industrialización y que llaman a su clímax de expresión "progreso" (incluyendo también dentro de este modelo a los modelos capitalistas de estado o socialistas que tanto daño le hicieron al sistema vivo en nombre de la justicia, la revolución y del pueblo) no tuvieron en cuenta un pequeño detalle descubierto por lo ecólogos de este siglo. Las alteraciones en las condiciones de equilibrio dinámico de los sistemas vivos tienen una franja permisible que si se supera conduce a cambios irreversibles. Este límite fue bautizado como el nombre de resilencia [2]. La economía del crecimiento ha tocado ya los límites de resilencia del sistema planetario; ya no se trata de problemas localizados o papelitos tirados en el piso, se trata de la ruptura del equilibrio mismo que la vida ha construido durante millones de años y que algunos genios subdesarrollados mentales han logrado destruir por unos cuantos millones de dólares.

Por tanto, la exclusión de la naturaleza por parte de los sistemas humanos hace parte del mismo proceso de exclusión de los humanos entre sí. Es decir el 80 % de los humanos que andan por el planeta y también los animales, las plantas, el agua y el aire están siendo sometidos a su exterminio para que el otro 20% de humanos acumule dólares en suiza y residuos nucleares en una zona que ocupa más de la mitad del mundo pero que se llama tercer mundo.


2. Energía vida y entropía,

Existe un factor entre muchos de los que inciden en el deterioro de la madre naturaleza, que reviste de principal importancia y que demuestra como existe un error de principio en la economía tal y como se la concibe hoy, y es el manejo de la energía.

La energía es la base de todos los sistemas vivos, la recibimos cuánticamente del sol y por medio de las plantas se transforma en enlaces de carbono que accionan toda la maquinaria de la vida de ahí adelante. En ese proceso de transformación de la energía: de electromagnética a química, de química a mecánica, de química a eléctrica, es irreversible el aumento de la entropía, es decir de la cantidad de energía que no podrá ser usada de nuevo para producir trabajo útil [3]. Pero la vida ha construido un sistema tal que la producción de entropía, sin contradecir la segunda ley de la termodinámica aumenta de manera constante, pero en un nivel que es lo menos posible. Es decir el sistema vivo recicla la energía para un máximo aprovechamiento de ésta y para soportar la obligación de aumentar su grado de desorden.

Que la energía en los sistemas vivos está en estado un altamente organizado de eso no queda duda, pero sólo ahora estamos descubriendo cómo ese orden ha aumentado en contra de la entropía y como la autorregulación por retroalimentación de variables de estado ha permitido que el sistema esté en un equilibrio dinámico con el medio físico.

La ruptura de ese equilibrio está asociada a la forma como el hombre ha hecho uso de la energía para animar todo el aparataje artificial de la vida moderna. Ahora bien han sido los últimos siglos la época donde el hombre ha hecho uso extensivo de la energía generada por su propia tecnología. Y ha sido precisamente en este tiempo donde el sistema económico antes mencionado ha tenido su mayor influencia. Es decir que el manejo de la energía usada por el hombre no ha estado regulado por las necesidades reales de ella que tienen los seres humanos sino por las imposiciones del modelo económico que exige que esta se invierta constantemente e intensivamente en la producción industrial y el consumo masivo.

Esta inversión creciente de energía en el proceso productivo y que tiene como objetivo aumentar la productividad, a la cual no se le fijan límites, parte de un principio económico que sostiene que el tiempo económico es infinito[4]. Es decir que una economía nacional o planetaria puede fijarse cuotas de crecimiento indefinidas que sólo pueden ser limitadas por factores internos de los sistemas económicos pero no por agotamiento de la naturaleza.

Pero como supieron desde siempre las comunidades indígenas y cómo descubrieron los científicos de los sistemas vivos de este siglo, la capacidad de la naturaleza es finita, y ésta puede cansarse, entristecerse y morir. Y esta finitud está determinada en gran medida por la cantidad de entropía que el sistema vivo está en capacidad de soportar. Así mientras más se aumenta la productividad, la economía del crecimiento guiada por la ley de la maximización de las ganancias lleva a un desgaste energético más acelerado y por tanto a la conversión de la energía disponible tanto para el hombre como para la naturaleza en energía no útil. Lo cual a su vez lleva a un aumento de la escasez de los recursos. Ya que la energía residual de los procesos industriales no es posible reincorporarla a los procesos de la reproducción y reciclaje de la naturaleza.

Es decir que de continuar con un modelo de desarrollo como el impuesto actualmente (alias el neoliberalismo) la vida como sistema no podrá seguirnos soportando y daremos paso a nuestros sucesores superiores: las cucarachas y los retrovirus.


Repensar el ser humano como ser vivo y la sociedad como ecosistema.

La ecología como ciencia de las relaciones de intercambio entre los seres vivos y su ambiente y el ambientalismo como práctica político social que promueve una forma de pensamiento y de vida que incluye los intereses de la naturaleza, no sólo han puesto en tela de juicio la validez de la forma actual de hacer economía sino que han potenciado el desarrollo de imaginarios de vida social e individual que permita la reintegración de la especie "bípeda implume" al ecosistema.

Esta forma de pensamiento y de vida ha sido enriquecida con los aportes de muy diferentes personas y grupos como: las comunidades indígenas que aún acorraladas y arrasadas han mantenido modos de organización armónicos con la naturaleza y han sostenido una resistencia contra los intentos de la sociedad occidental de destruirlos. Los movimientos sociales que se oponen a los embates del "progreso" y que en muchos países ejecutan acciones directas por la salvación del equilibrio de la vida en el planeta. Los pensadores que a contracorriente han opuesto su inteligencia y su conocimiento al uso de la ciencia y la técnica para la destrucción de la vida.

Y así se ha desarrollado un cúmulo de experiencias de resistencia social, cultural e intelectual, que ha construido las bases del pensamiento ambiental con el que hoy mucho seres en el planeta dicen no a una forma de vida que les quita la vida.

De las múltiples experiencias de resistencia e imaginación de esa nueva sensibilidad ambiental resulta una nueva modelación de la economía, de la organización de la producción, de la vida social e individual y de las relaciones de nosotros los humanos con nuestros hermanos los seres vivos y con el ambiente que nos permite seguir con la aventura de la vida.

Esta "nueva ecológica" como la llama Fernando Mires pretende salvar la contradicción entre economía y ecología, casi insuperable para Susan George reformulando el objeto de la economía y por ende creando una nueva economía, no una economía del crecimiento sino una economía que se encargue de administrar los bienes escasos con que contamos las especies en el planeta. Así el oikos sería dirgido por un logos ecosistémico y administrado por un nomos ambientalista.


La otra sociedad: lo "salvaje" contra lo "civilizado"
Esta ecoeconomía parte de la negación de la noción de valor vigente en la sociedad actual, para proponer otra apreciación de la naturaleza y del universo basada en el principio del valor intrínseco de los seres vivos y las cosas que los rodean. De esta manera se pasa a la construcción de sistemas de vida donde la producción tenga como objetivo satisfacer las necesidades reales de los individuos con un conjunto de elementos escasos y en relación directa con todo el sistema de lo vivo. En este campo aparecen los modelos de agricultura para el consumo propio de localidades y comunidades, de manera diversificada, no intensiva y sin la aplicación de agroquímicos destructores, basados en la coparticipación de la población en la obtención de sus propios alimentos. Como dice Edward Goldsmith director de la revista The Ecologist: "Hay que volver a los pueblos, abandonar las grandes ciudades. Hay que construir una sociedad rural basada en la vida campesina[5]

Junto a estos modelos aparecen las formas de producción autogestionaria de individuos asociados libremente que con el uso de tecnologías no contaminantes cooperan en la elaboración de productos a pequeña escala que participan de pequeños mercados locales e interregionales basados en modelos no monetaristas como el trueque, la producción recíproca y otros.

Por otro lado está la utilización de materiales renovables, (hasta aquí he omitido intencionalmente el uso de la palabra recursos naturales para nombrar a aquellos elementos de la naturaleza que representan alguna utilidad para el hombre ya que la palabra recurso ahí sería una trampa del lenguaje para convertir a la naturaleza en una fuente de materia prima para producir riqueza a la raza humana), cuya energía puede ser reintegrada a los procesos de reutilización de la naturaleza y por tanto no constituyen un desequilibrio en las cadenas tróficas. Este tipo de tecnologías implican a su vez una forma propia de asumir el conocimiento técnico y científico, la cual se basa en la socialización de éstos a través de una educación abierta, libre y generalizada.

Las anteriores formas de asumir los económico y lo social implican a su vez una reformulación de la forma de integración social, que supera en individualismo propietarista para proponer la idea de comunidad (más no de comunismo) donde el individuo libre de la presión del estado y de la ley pueda cooperar con los otros seres vivos para desarrollar sus potencialidades.

Y así cada faceta de la vida se articula con otra y finalmente se construye el edificio de un nuevo pensamiento y una nueva forma de vida radicales, opuestos antagónicamente a la idea del liberalismo radical y de todo desarrollismo. El desenvolvimiento de esa contradicción si es tal vez nuestra responsabilidad.


Referencias
[1] . Galeano Eduardo. Úselo y tírelo, el mundo del fin del milenio visto desde una ecología lationoamericana. Planeta. Colombia. 1995

[2].  Angel Maya Augusto. Las bases ecológicas del pensamiento ambiental. Cuadernos ambientales, serie ecosistema y cultura. Ministerio de educación. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá 1993.

[3].  Giancolli, Douglas. Física general volumen I. Prentice Hall 1984

[4]. Fernando Mires, Susan George, Eduardo Galeano y otros. Ecología solidaria. Editorial Trota Madrid 1996.

[5] Entrevista a Goldmisth. Periódico el Espectador. Colombia. 19 de agosto de 1998